La resolución 1540 del consejo de seguridad de la ONU compromete a los países a tratar de evitar la realización de bombas atómicas o la caída de cualquiera de sus componentes en manos terroristas. A esta resolución aludió el presidente Néstor Kirchner además de a los cinco tratados internacionales que Argentina tiene firma-dos para la no construcción de armas de destrucción masiva y misiles nucleares, ante el Consejo de Seguridad de dicha organización, en septiembre de 2005.
Sin embargo todas estas promesas, compromisos y tratados parecieron no bastarle a los organismos de control estadounidenses cuando resolvieron sacar del país los residuos radiactivos de los centros de investigación nuclear en Ezeiza y Bariloche, por una cuestión de “prevención”. Al parecer en nuestro país los avances en el reciclaje de estos residuos eran muy avanzados y tenían posibilidades de reobtener uranio al 90% de los materiales obtenidos tras la aplicación de tecnología nuclear, así como otros elementos útiles para otros campos: fuentes radiactivas con fines médicos (diagnóstico y tratamiento), industriales (medición y control) y de investigación.
Las bombas atómicas se producen cuando una cantidad de uranio radiactivo llega a lo que se denomina “masa crítica” mediante la cual los neutrones provenientes de la desintegración del elemento provocan una reacción en cadena que desata el poder de la bomba. Por lo tanto, es lógico que a cambio de llevarse los residuos del país, por considerarlos altamente peligrosos, EE.UU. pague la construcción de nuevos elementos, pero con un enriquecimiento de uranio al 20%, que tiene menos potencial, Vista aérea del Centro Atómico Ezeiza. Aquí funciona el Reactor Argentino 3 (RA3) de donde se extrajeron los primeros residuos radiactivos, llevados a Norteamérica.
y pague el mantenimiento del núcleo de varios reactores, para dejar a todos contentos.
“Los estudios le permitirán al país adquirir experiencia en este campo [del reciclaje] al mismo tiempo que otros países que, con responsabilidad, han entendido que los residuos radiactivos existen, que están indisolublemente ligados a una actividad que produce grandes beneficios a la communidad y que es necesario gestionarlos en la forma más adecuada desde el punto de vista tecnológico” reza un folleto de la C.N.E.A –Comisión Nacional de Energía Atómica- escrito evidentemente, mucho antes de que los organismos de control de E.E.U.U se llevaran los residuos a casa e imposibilitaran las investigaciones que aparentaban ser, tanto benefactoras para algunos como absurdamente peligrosas para unos tantos otros.
La realidad es que en los dos centros atómicos de investigación más importantes de Argentina: El Centro atómico Ezeiza y El Centro Atómico Bariloche (donde funciona el Instituto Balseiro, para la formación de nuevos profesionales), se estaban realizando progresos en el reciclaje de tales residuos, los cuales de concretarse hubiesen significado un gran avance en materia de recuperación de combustible nuclear y de todos aquellos elementos que la aplicación de la tecnología nuclear genera. También es real que estos estudios que realiza-ba el Subprograma de Gestión de Residuos Radactivos de la C.N.E.A. están hoy día, varados y los edificios en donde se llevaban a cabo, clausurados.
Los Estados Unidos, hace aproximadamente un año, se llevaron 207 elementos gastados de uranio enriquecido al 90% del RA3 en el Centro Atómico Ezeiza (que tiene una potencia de 5MW, aunque se están realizando cambios para que su potencia aumente a 10MW) y 42 del reactor RA6, que se ubica en Bariloche, Neuquén. Estos procesos de extracción que se lleva-ron en el marco del “Programa de Aceptación de Elementos Combustibles Gastados de Reactores de Investigación Extranjeros” habían empezado a realizarse en el año 2000, pero se aceleraron, obviamente, después del atentado a las Torres Gemelas de Wall Street, a manos de terroristas del Al-Qaeda.
La extracción de las vainas de residuos (aleaciones metálicas que permiten encerrar herméticamente al material combustible, para evitar que se escapen los productos de fisión formados durante las reacciones nucleares) en Argentina para llevarlas a territorio norteamericano, que se dio entre septiembre y diciembre de 2005 costó unos ocho millones de dólares que pagaron los Estados Unidos. Los contenedores que finalmente salieron del país fueron a parar a Charleston, en un centro atómico conocido como Savannah River, donde se los preparó para su almacenamiento final.
Otra preocupación de la mayor potencia mundial hoy día, surgía a partir de la posibilidad de que estos residuos fueran a parar, desde los países que producían los residuos, a manos de otros, figurantes en la “lista negra” de EE.UU., como Corea del Norte; o sea países con potencial para llevar el uranio a un enriquecimiento del 99% y así crear una bomba atómica “sucia” clásica.
El gran interrogante se plantea cuando nos preguntamos: ¿Acaso Estados Unidos no tiene también potencial para aumentar el valor radiactivo del uranio y crear una bomba atómica? ¿No existen grupos terroristas en el territorio estadounidense? ¿Podemos estar seguros de que los materiales radiactivos provenientes de los reactores de investigación en nuestro país cayeron en buenas manos? ¿Tendrá el presidente Bush que dar explicaciones ante el consejo de seguridad de la ONU tal y como hizo Kirchner o es que países inferiores como los Latinoamericanos directa y llanamente no cuentan con la seguridad necesaria como para resguardar los residuos y mantenerlos fuera del alcance de los malintencionados, entonces hay que retirarlos? Así parece...
Andrea Carolina Cañete
Daniel Santoro, “E.E.U.U se lleva materiales nucleares de la Argentina” Diario Clarín on-line, Bs. As –18 de septiembre de 2005.
C.N.E.A, “La gestión de los residuos radiactivos” Bs As, Argentina. Pág 13, 14.
Carlos Calabrese, “Reactor Experimental RA3”, CD: Ablandando las ciencias duras, Bariloche, 2001
Edmundo Pérez, “Combustibles para Reactores de Fisión”, CD: Ablandando las ciencias duras, Bariloche, 2001